Astronomía diurna a simple vista. Amanecer.

El amanecer, ese instante ya de cielo claro y luz normalizada, en el que el disco de nuestro astro rey, del sustento de nuestra cadena alimenticia, el horno de nuestro pan, comienza a aparecer, fantasmagórico, mágico, amarillo, con su hiriente luz, rasgando el horizonte.

Un instante ideal para tomar constancia de nuestra velocidad de rotación. Su redonda forma no tarda en dibujarse, perfecta, cegadora, perfilada, mostrándonos un día más que la noche terminó, que giramos rápidamente, imparables, asombrosamente veloces. Nuestra redondez, el heliocentrismo, la gravitación universal, las fuerzas centrípetas contra las centrífugas, el inmenso tamaño de nuestro microscópico sistema solar, lo que somos realmente… todo esto queda en evidencia a la vez, como luciente anuncio natural de nosotros mismos.

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